Cierra uno de los locales emblemáticos por problemas económicos
Cuando una pastelería se convierte en una parte especial de nuestras vidas, su cierre se siente como una gran pérdida. No es solo un negocio; es un pedacito de la historia compartida en cada cumpleaños, cada aniversario y cada reunión familiar. Con el creciente impulso de la nostalgia en nuestra sociedad, el cierre de una pastelería histórica se convierte en un recordatorio de cuán frágiles pueden ser los clásicos.
Esto es exactamente lo que le ocurrió a Don Jacobo, una marca que ha estado presente en momentos importantes para muchas familias en Bogotá y otras ciudades de Colombia. Después de enfrentar graves problemas financieros, la pastelería se vio obligada a cerrar sus puertas de forma definitiva.
Don Jacobo, una empresa con historia
Fundada en 1987 como un emprendimiento familiar, Don Jacobo rápidamente se transformó en un ícono de la pastelería colombiana. Jacobo Álvarez, su fundador, tuvo una visión que cambió el paladar de muchos al introducir tortas húmedas en un mercado que prefería opciones más secas.
La historia de la marca va más allá de las recetas. Se convirtió en un símbolo de celebración, una opción ideal para llevar algo especial a la mesa familiar. Su estética y el diseño de sus productos la volvieron reconocible para generaciones enteras, un fenómeno que pocos logran.
Con el tiempo, la Genovesa se convirtió en su emblema, una torta que, tras muchas pruebas, logró esa textura perfecta que conquistó a su público. Su popularidad creció tanto que terminó siendo un clásico mencionado sin necesidad de más explicaciones.
Un legado en la niebla
El auge de Don Jacobo no se limitó a los sabores. En su mejor momento, la empresa contaba con tiendas en varias ciudades, como Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y Bucaramanga. Esta presencia reforzó la idea de que Don Jacobo era algo que pertenecía a la vida de la gente, a esos momentos de alegría y calidez familiar.
Sin embargo, el cierre no fue repentino. La empresa intentó reorganizarse, pero no logró reunir los recursos necesarios para cumplir con sus compromisos. Así, el 13 de enero de 2026, la Superintendencia de Sociedades ordenó una liquidación judicial simplificada. Esto significa que ya no había posibilidades reales de recuperación.
Por ahora, no hay claridad sobre el futuro de los locales, empleados o las marcas registradas. Será el proceso de liquidación el que defina cómo se manejarán los activos y el destino del legado que dejó esta pastelería entrañable.